¿Te has parado a pensar en qué asuntos evitar en una entrevista de trabajo? Seguramente, sí, y seguramente tengas concepciones equivocadas sobre ello.
Tendemos a pensar que aquello que debemos evitar son rasgos de la personalidad. Ocultaré que soy introvertido/a, mentiré sobre mi baja tolerancia a la frustración, diré que hasta las tareas rutinarias me entretienen… Y no. Vamos a ver qué no decir en una entrevista de trabajo.
Tu personalidad no debería echar a perder una entrevista de trabajo
Las organizaciones saben que cada persona es un mundo y aunque en los procesos de selección se hacen test situacionales para conocerte, mejor que los hagas con honestidad. Al fin y al cabo, eres quien eres (aunque, cierto es, todos cambiamos) y mentir sobre esto irá en tu contra si es vital para tu nuevo empleo: tendrás poca satisfacción laboral y seguramente no tengas mucho éxito.
Y si no sabes muy bien quién eres… ¡Más te vale tenerlo claro antes de entrevistarte para un trabajo! El autoconocimiento se valora ahora más que nunca. Tal vez con este vídeo puedas resolverlo en parte:
Entonces, ¿qué esquivar en una entrevista de trabajo?
La orientación sexual y estado civil
Esta es una de esas formalidades que funcionan muy bien en un bar, una fiesta o una reunión informal, pero no en una entrevista laboral. Nuestro estado civil o con quién nos acostamos son temas de conversación que no le interesan a nadie, de primeras, en el entorno profesional.
Un entrevistador busca unas cualidades y cumplir determinados objetivos; un entrevistado, un lugar de trabajo y desarrollo. A menos que exista un condicionante en el que nuestra vida íntima repercuta activamente en nuestra posición laboral, como que nuestra pareja ya forme parte de la plantilla, este tema debería ser tabú.
Las palabras con connotaciones negativas
Aburrido. Decadente. Pesado. Nada. No es mi culpa. No me gustó nada. En mayor o menor grado, todas esas palabras arrojan actitudes y escenarios apáticos o nada relacionados con el trabajo. Y hay muchas más.
A no ser que te pregunten expresamente por asuntos negativos, mejor evitar calificar así ningún contexto o tarea. Trata de maquillarlo un poco. Algunos ejemplos:
Por aburrido o pesado puedes decir repetitivo.
Por decadente, con poca prospección.
Por no me gusta, prefiero hacer otro tipo de tareas.
Si no tratas de positivizar tu lenguaje, quien te hace la entrevista tenderá a pensar si vuestra relación se verá manchada por el mismo tipo de actitudes ocultas tras esas palabras. Al fin y al cabo, se trata de ser respetuosos al hablar de experiencias previas, ni más ni menos.
Las palabras comodín que debes decir en una entrevista de trabajo
Cosas, proyectos, tareas, trabajos… Son palabras con demasiada amplitud semántica, palabras comodín que son como un cajón de sastre en las que cabe todo. Proyectos lleva a cabo desde un traductor hasta un albañil, pasando por una arquitecta o una ingeniera. ¡Especifica!
No hiciste “algunas cosas” para una empresa pequeñita, mejor explica qué llevaste a cabo durante tu periodo allí, aunque el puesto al que optas sea muy específico y creas que se sobreentiende. La concreción permite dibujar una imagen fidedigna en la imaginación de la otra persona, y nos conviene asegurarnos de que esa imaginación no rellene tu información con lo que a ella le apetezca.
Además, la vaguedad en la expresión da la sensación de que no queremos profundizar en el asunto. Puede dar la impresión, si utilizas palabras comodín, de que no tienes conocimientos sobre la materia, de que te lo inventas o, directamente, no quieres hablar del tema. Este tipo de palabras y expresiones no son buenas aliadas para causar buena impresión en una entrevista de trabajo…
Hablar del pasado lejano (si no es muy relevante)
A nadie le importa qué pasó hace diez años, en el instituto, cuando eras joven o aquella vez de viaje de negocios en tu primera empresa. A nadie. A no ser que tenga que ver con algún asunto específico que quieras sacar a relucir porque convenga.
Ante la duda, eso sí, mejor habla o de tu presente o de tu pasado más cercano. Como ya hemos contado, las personas cambian y quién eras en ese momento probablemente ya no lo seas. Una entrevista de trabajo exitosa, para el seleccionador, es aquella en la que consigue entender a quién tiene delante. No a quién pudo haber tenido delante en el pasado.
Es verdad que hay casos en los que viene a colación. Puede ser, por ejemplo, hablar del momento en el que encontraste tu vocación. En este caso, vale, menciónalo, pero vinculándolo con tu actual yo.
“Hace ya siete años que encontré mi vocación en el diseño y desde entonces no he parado de sorprenderme con esta técnica, ni de querer saber más”
Esta sería una buena fórmula, por dar algún ejemplo.
Mostrar desinterés o pasividad: cambia la estrategia para una entrevista de trabajo
En cualquier caso. Como sea. Me da igual. Palabras y frases hechas que ponen lo que nos comenta nuestro interlocutor en un plano de poco interés y a nosotros en un plano pasivo que no encaja de cara a un trabajo nuevo.
Está claro que hay cosas que nos importan menos que otras o que no nos motivan, pero ya podremos expresarlo cuando seamos parte de la empresa. De nuevo, mejor mostrar nuestro lado proactivo y positivo.
¿Cómo hacerlo? Pues fácil. Intenta reforzar en tu discurso aquellas cosas que sí que te interesan y motivan. Si te preguntan acerca de qué te parece el teletrabajo, posiciónate, aunque en realidad estés cómodo tanto en una oficina como en casa. Dale la vuelta a la tortilla. No te da igual hacer teletrabajo, sino que consideras importante el trabajo en equipo, sea desde donde sea. ¡Y un punto para ti!
Las personas con convicciones y proactivas convencen. ¿Te imaginas a un político en el congreso que le da igual X norma que se está debatiendo? Probablemente, sí, vale, pero ¿te genera confianza? Esto ya es más difícil, ¿verdad?
Adapta tu discurso para tener éxito en las entrevistas de trabajo
Es extremadamente sencillo caer en alguno de los puntos anteriores, pero también es muy fácil solventarlos. Un truco para conseguir dominar la verborrea pasa por respirar hondo siempre que nos toque escuchar. Eso reduce nuestro pulso y nos permite estar más atentos a qué decimos, además de qué nos están diciendo. Ganar esa conciencia es clave para escucharnos pensar antes de hablar y poder comunicarnos mejor.
Es cierto que una entrevista de trabajo puede ser intimidante, especialmente para el entrevistado, pero un poco de tacto y concienciación sobre lo más importante que tenemos que decir ayudarán a evitar que metamos la pata, independientemente de qué lugar de la mesa ocupemos.
Experto en comunicación y aprendizaje. Se ha recorrido varios países con una mochila y los oídos bien abiertos. ¿Su fuerte? Conectar con las personas gracias a la comunicación intercultural. En la actualidad, es el Director de Estudios y colabora con Ontranslation creando contenido.